Hacia la bahía

limpiaba el vapor del espejo del baño mientras recordaba cómo era la última vez que estabas esperándome del otro lado de la puerta. recordaba cada una de las líneas que intercambiamos como si no supiéramos que era todo parte de la misma escena en la que las cicatrices eran anécdotas que ni siquiera hacía falta recordar. apenas si me sacudía cuando estabas cerca y trataba de controlar mis nervios. sabíamos que estaba todo bien y no encontraríamos motivos para asustarnos aunque lo intentáramos con todas nuestras fuerzas.

¿cómo hice para sobrevivir? nunca tuve mala memoria pero no puedo imaginar cómo hice para seguir adelante. solté las amarras y con un poco de esfuerzo puse en marcha el pequeño motor de la lancha que encontré en la bahía. sabía lo que dejaba atrás pero con todo el coraje que pude recuperar salpicado entre mis cosas me dediqué a mirar hacia ese horizonte de fantasía y no volví la mirada una sola vez. si alguien me quiso decir algo no lo pude escuchar por las canciones que se escuchaban dentro de mi cabeza. quizás haya sentido el sudor frío por la espalda mientras el paisaje que me acompañó durante decenas de atardeceres y miles de mañanas frescas se disolvía como una pintura bajo la lluvia. no tengo miedo.

el vaivén de este pequeño bote en la inmensidad del lago me ayuda a imaginar que soy mecido antes de dormir. trato de cantar con los dientes apretados y el viento como maquinitas de afeitar recordándome que aun sigo vivo. no es que haya olvidado abrigo o comida o alguna de esas cosas, donde voy no lo necesitaré.

el aire es tan frío y seco que mis pulmones se retuercen como un sapo sobre una sartén. el alfabeto no cambió desde que partí, siguen siendo veintiséis letras que me recuerdan que no siempre estuve donde estoy ahora. espero nadie crea que esto es una demostración de valentía, no hay mucha virtud en hacer lo único que podríamos hacer. no soy un gran cocinero, sólo sé seguir las instrucciones.

¿cuándo nos olvidaremos? ¿acaso mis pulmones siguen donde estaban la última vez que sentí tu aliento sobre mis hombros? tuve que tirar por la borda lo último que me quedaba de apetito para mantener la velocidad. el sabor de tus labios sobre los míos quebrados se mantiene como si cuando me distrajera vinieras a recordarme que estoy despierto. no me importa cuantos millones de años tenga que tomarme para hacerle entender al resto de mi cuerpo que el viaje está por terminar. si todo lo que me queda, lo que me dejaste, son los recuerdos y el dolor. sólo me canta este viento que indiferente no se preocupa por tenerme en cuenta cuando le pido que vuelva a cantar mi canción favorita. ya no creo que importe si no vuelvo a dormir, será inevitablemente pronto.

mi perfume sale entre los poros de mi ropa y me devuelve esa asquerosa sensación de que no hay nadie para sentirlo. repaso con los dedos entumecidos cada nota de las canciones que escribo mientras silbo en silencio la melodía para mi partida. repito en mi cabeza frases célebres y antes de que se acabe el tiempo trato de descubrir alguno de los misterios del universo que repasaba en voz alta mientras tratabas de dormir sobre mi pecho cuando el invierno todavía pertenecía al mañana y el verano era una vieja historia que le contaríamos a nuestros nietos durante alguna primavera nuclear.

muy lejos de mi alcance ya cualquier posibilidad de volver se encuentra y no creo que nadie haya guardado algo de esperanza. me sorprendería si alguien todavía me recuerda. soy el producto de miles de millones de años de pequeños cambios, dudo haberle hecho alguna marquita al universo en mi molesta estadía en su complejo tan cinco estrellas. ¿acaso qué sonido hará mi cuerpo al caer al agua?

y si aquí estoy y no hay nadie más… ¿acaso por qué no lo sientes cuando caigo?

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