Larga vida a la sismología democrática

Chile sobrevivió su enorme terremoto relativamente bien. Irán sería otra historia.

Por Christopher Hitchens – Publicado el lunes 1 de marzo de 2010 [enlace original]
Traducción por Valentín Muro – Corrección Pablo Flores

En sus días en el antiguo y formal Times de Londres de los años 30, Claud Cockburn ganó un premio dentro del periódico por el titular más aburrido con “Pequeño terremoto en Chile: no hubo muchas muertes”. Fue tanta la vigencia de este chiste –que me apresuro a aclarar fue a expensas del Times y no del pueblo de Chile—que cuando Alistair Horne, el historiador anti-Allende y pro-Kissinger, escribió su libro acerca del gobierno de la Unidad Popular de los años 70 lo llamó “Pequeño terremoto en Chile” (Small Earthquake in Chile). Casi al mismo tiempo, escribiendo su memorable epitafio para Salvador Allende, Gabriel García Márquez habló de las agradables peculiaridades de los chilenos y exageró un poco su realismo no-mágico cuando dijo:

Chile tiene un promedio de un temblor de tierra cada dos días y un terremoto devastador cada tres años. Los geólogos menos apocalípticos consideran que Chile no es un país de tierra firme sino una cornisa de los Andes en un océano de brumas, y que todo el territorio nacional, con sus praderas de salitre y sus mujeres tiernas, está condenado a desaparecer en un cataclismo.


En esta década la sismología ya está surgiendo como el más importante sector nuevo dentro de la socioeconomía y la política. El simple reconocimiento de que la naturaleza es ama y señora y que la corteza terrestre es sumamente inestable ha sido puesto de relieve por la impresionante cantidad de 250,000 haitianos que han perecido como resultado de un único espasmo terrestre, y por la relativa capacidad de supervivencia de los chilenos incluso cuando los golpea un terremoto de aun mayor magnitud. Lejos están las historias con titulares aburridos acerca de la magnitud del terremoto y el posible epicentro. En la actualidad, los efectos de las convulsiones terrestres pueden estudiarse con gran pericia e incluso pueden ser predichos, junto a una serie de gráficos cruzados que los comparan con demografía, nivel de ingresos, y—esto es una predicción de mi parte—la vitalidad de las instituciones democráticas.

El profesor Amartya Sen se hizo conocido hace algunas décadas por destacar que en el Siglo XX no hubo ningún episodio serio de hambruna en una sociedad abierta o democrática, sin importar qué tan pobre fuera. En el caso clásico que estudió—el de Bengala bajo ocupación británica en los años 40—decenas de miles de personas murieron de hambre en zonas donde los graneros rebosaban. No fue una escasez de comida sino de información, y eso sumado a la inadecuada administración llevó al desastre. La hambruna ucraniana de los años 30, como señaló Robert Conquest en su libro “La cosecha del dolor” (The Harvest of Sorrow), fue el resultado de una política dictatorial más que de cualquier fracaso de los cultivos.

Tomando esto como una analogía o metáfora aproximada, la gente está empezando a notar que la probabilidad de morir en un terremoto, o de perderlo todo por él, tiene tanto que ver con la sociedad en la que se vive como con la cercanía a una falla. Un artículo muy curioso en el New York Times del 24 de febrero titulado “El desastre espera para las ciudades en zonas sísmicas” (Disaster Awaits Cities In Earthquake Zones), señalaba que millones de personas viven en este momento en mega-ciudades no planificadas y de precaria construcción—como Estanbul, Turquía; Karachi, Pakistán; Katmandu, Nepal; y Lima, Perú—que son propensas a terremotos y que fácilmente podrían convertirse en sitios de exterminación masiva. Los instrumentos de ésta serían lo que el Dr. Roger Bilham, un sismólogo de la Universidad de Colorado, llama “un arma de destrucción masiva no reconocida: las casas”. Alrededor del mundo, millones de personas viven o trabajan en estructuras que han sido denominadas “escombros en espera”.

El artículo cuenta la historia de los crecientes esfuerzos de las autoridades de Turquía y China para conseguir que sus
ciudades estén protegidas contra futuros desastres. Turquía y China, aunque de ninguna manera constituyen ejemplos perfectos de democracia y transparencia, se han vuelto mucho más receptivos hacia la concientización y las protestas populares del pasado reciente. Los chilenos hace tiempo consideran un deber del gobierno estar
preparado para eventos sísmicos, mientras que los haitianos están tan desfavorecidos y bajo tanta miseria como resultado de la represión y corrupción que un pedido democrático por tal protección podría hasta representar un disparate.

Sobre este tema encontramos una dramática mención específica en una oración enterrada en el medio del artículo del Times. “En Teherán, la capital de Irán, el Dr. Bilham ha calculado que un millón de personas podrían morir en un terremoto predecible de intensidad similar al de Haití” (El énfasis es mío). Teherán fue construida en un “nido de fallas geológicas” y los geólogos le han rogado durante mucho tiempo al gobierno que considere mudar la desprotegida y medio desmoronada capital, o al menos parte de su gente, en anticipación del inevitable desastre.

Pero el régimen iraní, como lo conocemos, tiene otras prioridades, y ha trabajado bastante duro para aislar no sólo a su gente de los terremotos, sino también a sí mismo de su gente. Recuerdo estar sentado en uno de los épicos embotellamientos de Teherán hace algunos años pensando: “¿Qué pasaría si ahora temblara todo?” Este horrible pensamiento fue superado por otros dos aún más perturbadores: ¿Y si la gran sacudida viniera de noche, cuando los ciudadanos están todos amontonados en edificios de departamentos no regulados y sin código de construcción? ¿Y qué le sucedería a las instalaciones nucleares secretas, tanto las ubicadas en la superficie como las que están bajo tierra? Sé lo que los mulás dirían—que la voluntad de Alá es inmutable. ¿Pero qué pensarían los sobrevivientes cuando miraran alrededor de las (posiblemente radioactivas) ruinas y observaran lo  desechables que sus líderes los consideran?

Este desenlace sería incomparablemente peor que las consecuencias de cualquier intervención para detener el programa nuclear iraní.  He hablado acerca de esto antes, y voy a hacerlo ahora también. Mientras que las “negociaciones” sobre el armamento de Irán están siendo artificialmente prolongadas por un irracional y corrupto régimen, debería ser parte de nuestro humanitarismo y nuestra diplomacia pública el advertir al pueblo iraní de las razones artificiales por las cuales en su caso los resultados de un desastre natural serían horriblemente multiplicados. Esto, junto a la oferta de ayuda inmediata sostenida por la experiencia que obtuvimos en California con respecto a la preparación para terremotos, es nada menos que una responsabilidad moral. Las implicancias transfronterizas de un terremoto sumado a las pobremente mantenidas instalaciones nucleares encubiertas, demuestran el punto de que el futuro de Irán no es el “asunto interno” de un régimen que sueña morbosamente con un apocalipsis mientras invita a un cataclismo de una variedad muy diferente. ¡Abajo los negacionistas de terremotos! ¡Larga vida a la sismología democrática!

4 thoughts on “Larga vida a la sismología democrática

  1. No se como saltaste del terremoto de Chile al armamiento nuclear en Irán, pero me gustó tu recopilación de hechos.
    Una cosa, Gabriel García Márquez no exageraba ;)

  2. Y ni hablar si llega a pasar un tornado por New Orleans, capaz que el mundo se da cuenta de lo desechables que los líderes de EEUU consideran a los habitantes del sur de EEUU.

  3. Ojo, no vaya a ser cosa que antes de que suceda en Teherán, suceda una semana de masivos temblores en la costa oeste de EEUU. Ahí te quiero ver hasta dónde están preparados los que dicen que el resto no está preparado. Para muestra basta un botón: New Orleans. Una semana sin ayuda de nadie, ni de ellos mismos.

  4. Ni se compara la respuesta que podría dar (o que de hecho dio) EEUU ante una catástrofe natural con la que podrían dar cualquiera de las teocracias de medio oriente. Estados Unidos puede dar una respuesta ineficiente, aquellas teocracias no podrían dar una respuesta en absoluto.

    .-

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