Cañita voladora conmigo

Se podían seguir las pisadas sobre la arena hasta donde ya no llegaba la vista y la costa se dibujaba como el rastro de una serpiente entre la ciudad y el mar. No me sentía muy cansado pero tampoco quería seguir caminando. Tenía aquella intuición de que estaba preparándose un espectáculo detrás de escena. Busqué en tus ojos de eclipse el brillo del sol que se preparaba para zambullirse en el océano.

Siempre me gustó que pudieras olvidarte de mi por momentos. Y no me refiero a los momentos en que me siento ignorado -sé que tratás de que eso no me pase-, sino a los momentos en que puedo mirarte sumida en vos misma. Me cuesta tanto preguntarte acerca de tus pensamientos. Confío, con cierta inseguridad, en que más tarde los compartirás conmigo.
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