Disrupción

Una disrupción es un evento que constituye una desviación no planificada de cierto proceso, una alteración respecto de las expectativas, en última instancia, un cambio de planes.

La idea era llegar del punto A al punto B en el menor tiempo posible. El casamiento comenzaría al mediodía, y aunque llegar primeros no era en absoluto lo que queríamos, tampoco queríamos llegar cuando los invitados desfilaran apoyados unos en otros para no tambalearse en el camino a sus coches. No hicimos a tiempo de revisar el estado de la autopista y no atinamos a revisar cómo sería el clima en esa mañana otoñal.

La noche anterior prácticamente no habíamos hablado, ella seguía enojada por lo que había sucedido. Bajé las escaleras y subí al auto, las ventanas comenzaron a empañarse automáticamente. Olvidando la discusión sólo me concentré pensando en las camisetas que tenía limpias en mi armario y me puse a evaluar cuál sería la mejor para el viaje. De todas formas, era una pérdida de tiempo: era un casamiento y se esperaría de mí que usara camisa. Logré distraerme un rato más pensando en mi vestuario, hasta que junté coraje y subí nuevamente. Entré a la casa sin tocar y ella estaba sentada en el living, apenas iluminada por la lámpara de pie que habíamos comprado en la tienda de segunda mano el invierno anterior. Levantó la mirada lo mínimo indispensable -supongo que para que yo no lo notara- y siguió con su libro. Yo no quería jugar al juego del silencio. Me acerqué con una taza de té y como si se tratara de una ofrenda la dejé apoyada en la mesita junto a su brazo.

La habitación se veía como un antiguo campo de batalla, probablemente lo suficientemente rico en detalles escenográficos como para que cualquier investigador pudiera inferir lo que había pasado unas horas antes. Me senté en la cama no más de un par de minutos, supongo que con la esperanza de que ella apareciera inmediatamente, pero me pareció ridículo y me puse a revisar el armario. Zapatos, camisa, pantalón, ropa interior, corbata, saco, gemelos, listo. Cerraba el cajón cuando ella finalmente me tomó por detrás. Supongo que necesitábamos pelearnos, y eso fue lo más ridículo de todo: más de dos años juntos y apenas si alguna vez chocábamos. Nos acostumbramos a hacer lo que otras personas querían y dejamos que así pasara el tiempo. Su familia y sus exigencias, la mía y su falta de ellas. Las cosas habían dejado de sentirse bien.

Durante el largo camino cada tanto le pedía que se despertara, para que yo no me durmiera. Las canciones se repetían y yo insistía con escuchar discos de Limbeck. «Música para viajes en auto», le decía.

Era muy extraño, íbamos a llegar tarde a nuestro propio casamiento. La noche anterior tomé toda la ropa elegida y la dejé a un costado. No hubiera sido yo si ese hubiese sido mi vestuario. Ella se veía hermosa, como siempre, y yo me sentía genuino, manejando con mi camiseta favorita puesta.

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